La verdadera razón por la que el Comité Olímpico se niega a recordar a los atletas israelíes asesinados en Munich
Por Deborah Lipstadt E. | 17 de julio 2012
En los últimos meses ha habido un esfuerzo concertado para lograr que el Comité Olímpico Internacional disponga un minuto de silencio en la ceremonia de apertura en los Juegos de este año, para recordar a los atletas israelíes que fueron asesinados –no matados, asesinados- en los Juegos de Munich en 1972.
Los Juegos, que se celebran este año en Londres, tienen 17 días de duración. Son 24.480 minutos. Los peticionantes solicitaron sólo uno de esos minutos, pero es evidente que sus esfuerzos han fracasado. Antes de especular sobre por qué el COI ha sido tan firme en su negativa, vale la pena reflexionar sobre qué es exactamente lo que ocurrió en Munich hace 40 años.
Cuando los Juegos Olímpicos regresaron a Alemania en 1972, el gobierno alemán tenía la intención de que nada en ellos evocara el recuerdo de los Juegos de Berlín de 1936, celebrados bajo la pesada mano del militarismo nazi. Los alemanes querían que fueran “Juegos Felices”. La seguridad no sería evidente: los atletas saltaban libremente la valla metálica que rodeaba la Villa Olímpica cuando se olvidaban de sus tarjetas de identificación. Todo tenía que estar relajado. Alemania tenía una nueva cara para mostrar al mundo.
Todo eso cambió en la mañana del 5 de septiembre, cuando los terroristas palestinos de Fatah de la organización Setiembre Negro escalaron la cerca alrededor de la Villa Olímpica. Armados con ametralladoras y granadas, de inmediato dieron muerte a dos atletas israelíes y tomaron a otros nueve como rehenes. Se exigió que Israel liberara 234 prisioneros palestinos y que Alemania hiciera lo mismo con dos miembros fundadores de la banda Baader-Meinhof.
Cuando la liberación no se concretó por la tarde de ese día, los terroristas exigieron un avión que los llevara a Egipto. Las autoridades alemanas estuvieron de acuerdo, pero planificaron una emboscada en el aeropuerto. La emboscada fracasó totalmente: un equipo de la policía alemana, asignado para atrapar a los terroristas, abandonó su puesto cuando los terroristas aun estaban en camino al aeropuerto. Había más terroristas que francotiradores alemanes y éstos últimos no podían comunicarse entre ellos o con los oficiales a cargo. Los vehículos blindados que debían respaldar la acción, quedaron atrapados durante un atasco de tráfico de una hora cerca del aeropuerto.
Entonces estalló un enfrentamiento a tiros entre las fuerzas alemanas y los terroristas en la pista y los atletas, quienes sido habían sido atados unos a otros por los captores en los helicópteros que los habían traído al aeropuerto, quedaron atrapados en medio del tiroteo. Cuando los terroristas se dieron cuenta que no podían escapar, ejecutaron a los rehenes y luego lanzaron una granada contra los helicópteros para asegurarse de que estuvieran muertos.
Las competencias en los Juegos continuaron hasta mediados de esa tarde del martes. Sólo después de recibir un aluvión de críticas, el presidente del COI, Avery Brundage, decidió suspender las actividades. Brundage, quien se desempeñó como presidente del Comité Olímpico estadounidense en la década de 1930 y había sido un gran admirador de Hitler, todavía en 1971 insistía en que los Juegos de Berlín fueron uno de los mejores de la historia. En 1936, cuando algunos estadounidenses trataron de organizar un boicot de los Juegos, Brundage luchó enérgicamente contra tal esfuerzo, hasta que decidió utilizarlo como una herramienta de recaudación de fondos. Él supuso que los judíos que estuvieran avergonzados por la amenaza de un boicot, le darían dinero al COA, lo que ayudaría a disminuir el antisemitismo en los Estados Unidos. Aparentemente, el plan de Brundage quedó en la nada.
En el servicio recordatorio de Munich que tuvo lugar el miércoles 6 de septiembre, el día después de la masacre, Brundage declaró desafiante: «Los juegos deben continuar». Su grito fue recibido con aplausos por la multitud. (Red Smith, del New York Times, lo describió más como un encuentro juvenil que como un memorial.) Los juegos prosiguieron, pero el periodista Jim Murray, del Los Angeles Times, los describió como «estar bailando en Dachau».
En los años posteriores las familias de las víctimas le dijeron al COI, en repetidas ocasiones, que lo único que querían era una oportunidad para conmemorar el asesinato de atletas que viajaron a los juegos para hacer precisamente lo que hacen los atletas: competir con lo mejor de sus esfuerzos. Estas víctimas se merecían ser recordadas por la propia organización que las había acercado a Munich.
¿Por qué la negativa del COI? La explicación oficial del Comité Olímpico es que los Juegos son apolíticos. A las familias se les dijo repetidamente por parte de Juan Samaranch, el muchas veces presidente del COI, que el movimiento olímpico evitaba los temas políticos. Parecía haber olvidado que en la ceremonia de apertura 1996, él mismo habló sobre la guerra de Bosnia. La política también estuvo presente en los Juegos de 2002, que se abrieron con un minuto de silencio por las víctimas del 9/11.
A las familias también se les ha dicho, que una conmemoración de este tipo no era apropiada para la apertura de un evento de celebración. Sin embargo, el COI ha recordado a otros atletas que murieron «en el cumplimiento de su deber.» En los Juegos de Invierno de 2010, por ejemplo, hubo un momento de silencio para recordar a un atleta que murió en un accidente de entrenamiento.
La explicación del COI no es más que una excusa patética. Los atletas que fueron asesinados eran de Israel y eran judíos, es por eso que no se les recuerda. La única conclusión que podemos sacar es que la sangre judía es barata, demasiado barata como para arriesgar la ira del bloque de naciones árabes y otros países que se oponen a Israel y sus políticas.
Durante mucho tiempo he arremetido contra la tendencia de algunos judíos que ven el antisemitismo detrás de cada acción que es crítica de Israel o de los judíos. En los últimos años algunos judíos se han inclinado a lanzar acusaciones de antisemitismo, incluso cuando sean completamente inadecuadas. Quejándose repetidamente, corren el riesgo de hacer que los demás dejen de escuchar, sobre todo cuando la queja es correcta.
Aquí la acusación es absolutamente cierta. Esta fue la mayor tragedia que se haya producido alguna vez durante los Juegos Olímpicos. Sin embargo, el COI ha dejado muy en claro que estas víctimas no valen 60 segundos. Imaginen por un momento si estos atletas hubieran sido de Estados Unidos, Canadá, Australia, o incluso Alemania. Nadie lo pensaría dos veces antes de conmemorarlos. Pero estos atletas proceden de un país y de un pueblo que, de alguna manera, merecen ser víctimas. Sus vidas perdidas, aparentemente, no valen ni un minuto.
La verdadera razón por la que el Comité Olímpico se niega a recordar a los atletas israelíes
19/Jul/2012
Tabletmag.com, Deborah Lipstadt E.